el camino de la alineacion

¿Fluyes o te fuerzas?

¿Lo que haces en tu vida fluye o lo estás forzando?

Hay una diferencia que se siente antes de comprenderse.

Cuando algo es verdaderamente tuyo, no necesitas convencerte, forzarlo ni controlarlo. Simplemente fluye. Poco a poco, los elementos se unen y la semilla comienza a dar sus frutos.

En cambio, cuando no es tuyo, no se da, no fluye y no está vivo. Solo hay vacío, suelo estéril, ego inflado y una sensación constante de insatisfacción.


¿Estoy alineado?

La alineación es un estado que te ocurre cuando todos los elementos se reúnen — tiempo, sabiduría y el lugar adecuado —. Es un estado que construyes, sí, pero desde el alma y no desde la vanidad.

Se necesita consciencia, valentía y honestidad contigo mismo. Es cuando lo que piensas, sientes, dices y haces nace desde tu esencia más verdadera: no desde el miedo ni desde la necesidad de demostrar.

La persona alineada escucha, confía, decide y actúa. No es una víctima de las circunstancias ni un pasajero de su propia vida.

Porque nuestra vida es movimiento, y nosotros somos su vehículo y, a la vez, el piloto.


El alma y el ego: la distinción que lo cambia todo

¿Esto que quiero lo deseo porque es realmente mío o porque necesito creer que lo es?

El ego no siempre se disfraza de ambición. A veces, incluso, se disfraza de vocación. Desde ahí toma decisiones que suenan bien, pero que por dentro no fluyen: cuestan el doble, agotan y, tarde o temprano, los resultados lo revelan.

El alma, en cambio, no grita. Pulsa.

Lo hace con una certeza tranquila que no necesita aprobación, que se sostiene sola y que alimenta en lugar de drenar.

Reconocer la diferencia entre ambos no es un ejercicio intelectual. Es, sobre todo, un acto de valentía.


El cuerpo nunca miente

El cuerpo es el primer lugar donde la desalineación se instala.

La fatiga crónica sin causa aparente, la debilidad inmunitaria, la envidia al ver la ligereza en otros, la frustración o el deseo de ser el único poseedor de una VERDAD ABSOLUTA… Todo ello son señales.

También lo es esa sensación de peso que no desaparece aunque descanses.

El cuerpo habla lo que la mente calla, y lo hace con una honestidad que no negocia.

En mi práctica como aromaterapeuta, con más de diez años acompañando a personas en procesos de transformación, he aprendido a leer ese mapa corporal.

Incluso antes de que alguien me cuente su historia, el cuerpo ya la está contando.


Los aceites esenciales como llaves de alineación

Los aceites esenciales no trabajan con la mente racional. Trabajan con las capas más profundas del ser, donde la alineación se vive antes de comprenderse.

El cerebro límbico guarda la información más antigua de nuestros recuerdos. Alberga nuestra memoria y las cicatrices emocionales más viejas y ocultas.

Aunque suene increíble, el sentido del olfato es el único sentido que no podemos controlar. Por ello, todas y cada una de las esencias ligan nuestra memoria a una emoción, un recuerdo o una vibración diferente.

Por eso me resulta imposible hablar de uno o varios aceites esenciales que ayuden en este proceso tan personal y único como es sentirse alineado. Cada ser experimenta desde su propio universo, creando y decorando sus propias realidades.

Sin embargo, es a la Jara (Cistus ladaniferus) y al Incienso (Boswellia carterii) a quienes dedicaré unas líneas.

Hace ocho años fueron los pioneros en mostrarme la dimensión emocional, astral y espiritual que poseen los aceites esenciales. Me ayudaron a ver más allá de mis ojos, a soltar y a llorar más allá de mi ego.

Así comenzó mi decisión de alinearme y responsabilizarme de cada palabra, cada decisión y cada movimiento.

Acepté que, si no podía vencer el miedo peleando contra él, sí podía dejar de alimentarlo.

¿Y cómo?

Utilizando mi tiempo y energía en explorar, estudiar y enseñar ese mundo que va más allá de lo físico. Creando perfiles, fórmulas y alquimia desde el corazón para todos aquellos que deseen explorar la otra dimensión de nuestra Madre Tierra: esa que nos lleva de regreso a nosotros mismos.

Así pues, concluyo — desde la experiencia y con mucho amor — que los aceites esenciales no son remedios mágicos. Son aliados.

Y, como todo en el proceso de alineación, funcionan cuando hay consciencia detrás.


El primer paso: escucha antes de decidir

No hace falta cambiarlo todo de golpe.

El primer paso es más simple y profundo a la vez: aprender a distinguir la voz del alma de la voz del ego.

El ego habla con urgencia, miedo y necesidad de aprobación.

El alma, en cambio, habla despacio, con firmeza y sin necesidad de que nadie le dé la razón.

Pregúntate:

¿Esto que estoy eligiendo me expande o me contrae?

No lo preguntes desde la cabeza. Pregúntalo desde el cuerpo y, sobre todo, desde el alma.

Desde el centro del verdadero amor.

Ahí está la respuesta.


El camino de regreso

La alineación no es un destino que se alcanza una vez y para siempre.

Es un camino que se recorre con los ojos abiertos, el corazón escuchando y la voluntad de ser honesto contigo mismo, incluso cuando la verdad incomoda.

No se trata de tener una vida perfecta.

Se trata, en definitiva, de tener una vida tuya.

Y eso — aunque nadie más lo vea todavía — lo cambia todo.


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