Petitgrain Bigarade: entre el duelo y el renacimiento

Cómo un aceite esencial abrió en mí el camino del duelo

Tiempo de lectura: 5 minutos

Si hay un aceite esencial que marcó el momento en que decidí convertirme en aromaterapeuta, sin duda ese sería el Petitgrain Bigarade (Citrus aurantium ssp. amara).

Sí, ese aceite esencial que se obtiene de las hojas y las pequeñas ramas del naranjo amargo.

No es el más caro.
Ni el más prestigioso.

Y sin embargo, fue gracias a él que descubrí que un aceite esencial puede llegar hasta las heridas más profundas del alma.

Esta historia comienza en 2018, el año en que cumplí cuarenta años.


El año en que mi padre murió

En mayo de 2018 recibí la noticia de la muerte de mi padre.

Una noticia que deja en la vida un silencio extraño.
Un vacío.

Lo más sorprendente para mí fue algo que no esperaba: no podía llorar.

Normalmente soy una persona a la que otros acuden cuando necesitan ayuda para atravesar un duelo. Desde hace años trabajo con Reiki, reflexología y tengo formación en naturopatía. Incluso en ocasiones acompaño ciertos procesos espirituales.

Pero ya saben cómo es la vida.

Lo que parece claro cuando se trata de los demás se vuelve mucho más difícil cuando nos toca a nosotros.


Mi padre y yo

La relación con mi padre siempre fue particular.

Yo sabía que me quería.
Pero entre nosotros existía una distancia cultural y generacional difícil de superar.

Yo nací cuando él tenía 47 años.

Soy la menor de cuatro hermanos y mi hermana más cercana en edad me lleva quince años. Pertenecíamos casi a generaciones distintas.

Los dos nacimos en Nuevo León, México, una región donde los hombres de su generación crecieron en una cultura profundamente machista, donde expresar sentimientos no era algo habitual.

Mi padre era un hombre fuerte, a veces duro, y muy poco dado a mostrar sus emociones.

Yo, en cambio, era una hija que llegó tarde, con ideas propias, con ambiciones y con un deseo muy claro de independencia.

Toda mi vida busqué su mirada.

Me gradué en periodismo para demostrarle que las mujeres podían ser independientes, incluso cuando él decía que debíamos depender de nuestros maridos.

Trabajé en prensa y radio, porque a él le apasionaba leer periódicos y escuchar las noticias.

Después hice un máster en comunicación y periodismo en España, con la esperanza de que viera que podía llegar lejos.

Y para ser completamente sincera, incluso la formación en aromaterapia que estoy terminando actualmente en Inglaterra la elegí pensando en él.

Quizá, en algún lugar de mi corazón, seguía esperando que algún día se sintiera orgulloso.


Cuando el duelo se vuelve imposible

Un día simplemente se fue.

Y todo se volvió extraño.

No podía llorar.
No podía sentir realmente nada.

Como si algo dentro de mí se hubiera bloqueado.

En aquel momento mi esposo acababa de aceptar una misión de seis meses cerca de Marsella. Solo nos veíamos los fines de semana y, durante los puentes, yo bajaba con nuestro hijo para verlo.

Pero el resto del tiempo estaba sola.

Recuerdo incluso que el GPS de mi coche se perdía constantemente. Para mí era casi un símbolo: yo también estaba perdida.


El encuentro con el Petitgrain Bigarade

Una noche de agosto de 2018 sentí el aroma del aceite esencial de Petitgrain Bigarade (Citrus aurantium ssp. amara.

Me pareció agradable.

Decidí diluir unas gotas en aceite vegetal de albaricoque, aproximadamente al 1 %, y después de mi ducha nocturna me apliqué la mezcla como aceite corporal.

Pero casi inmediatamente sentí una presión en el pecho.

Una pesadez.

Como si algo en mi interior estuviera intentando salir a la superficie.

Era extraño para una dilución tan suave.

Empecé a pensar que quizá ese aceite esencial y yo no éramos compatibles.

Sin embargo, su aroma permanecía, como si estuviera buscando algo dentro de mí.

Después de desearle buenas noches a mi hijo me fui a la cama.


Las tres de la madrugada

Alrededor de las tres de la madrugada algo me despertó.

El lado derecho de mi cama estaba hundido, como cuando alguien se acuesta a tu lado.

Sentí una respiración lenta y tranquila.

Y un calor.

Ese calor particular que solo la vida puede generar.

Me levanté sin hacer ruido.

Desde niña me ocurre algo que para mí siempre ha sido natural: a veces percibo presencias. Veo o siento espíritus. Es algo que forma parte de mi vida, por lo que no le tengo miedo a los muertos.

Fui al baño para mojarme la cara.

Y entonces, en el espejo, vi una figura translúcida rodeada de una suave luz blanca.

Acerqué la mano.

Y empezó a temblar.

No quería decirlo.

Pero la sensación era demasiado fuerte.

Papá.

La figura parecía levantar el brazo y colocar su mano sobre mi cabeza.

Mi cabello se levantó.

No fue un escalofrío.

Lo juro: sentí una mano cálida, como una caricia.

En ese momento una profunda tristeza surgió desde lo más profundo de mi alma.

Y lo único que pude decir fue:

“No… no quiero aceptarlo. No puedo.”

Volví a la cama.

Y aquella presencia volvió a acostarse a mi lado.

En el mismo lugar.

Tranquila.
Silenciosa.


Un recuerdo de la infancia

Esa noche regresó un recuerdo.

Cuando tenía entre tres y cinco años le tenía mucho miedo a la oscuridad.

Sentía que había presencias en la noche.

Así que siempre intentaba dormir entre mis padres.

Mi padre nos dejaba hacerlo.

Pero cuando se dormía solía abrazarte con tanta fuerza que ya no podías moverte. Mi madre se quejaba de que yo me pegaba a él como una garrapata.

Hoy sé que esos son los recuerdos más tiernos que tengo de él.

Ese hombre que podía ser tan duro… simplemente no quería que tuviéramos miedo por la noche.


El trabajo del duelo

Después de aquella noche empezaron una serie de sueños.

En ellos mi padre aparecía y yo lloraba… y huía.

Una y otra vez.

Durante casi un año entero.

Ese fue el tiempo que me tomó dejar de huir en mis sueños y comenzar a aceptar su muerte.

No diré que el Petitgrain Bigarade hizo todo el trabajo del duelo.

Pero sí puedo decir algo con certeza:

Su aroma provocó una reacción profunda.

Me puso frente a frente con aquello que más me dolía… y que al mismo tiempo buscaba sanar.


Lo que mi padre terminó dándome

Nueve meses después, en mayo de 2019, decidí ir a Suiza para formarme en aromaterapia energética.

Y entonces comprendí algo.

De alguna manera, mi padre seguía acompañándome.

Pero ya no se trataba de obtener su aprobación.

Se trataba simplemente de convertirme en la persona que realmente soy.


Entre el duelo y el renacimiento

Por eso el Petitgrain Bigarade (Citrus aurantium ssp. amara) siempre tendrá un lugar especial en mi corazón.

No porque sea raro.

Sino porque me recuerda ese momento en que algo dentro de mí empezó a abrirse.

El momento en que el dolor comenzó a respirar.

Y en que el duelo, poco a poco, empezó a transformarse en renacimiento.

Porque en el fondo hay vínculos que nunca desaparecen del todo.

Simplemente cambian de forma.

Y continúan acompañándonos… de otra manera.


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